Oraciones para dar gracias a La Virgen de Guadalupe

Oraciones para dar gracias a la Virgen de Guadalupe. La Guadalupana, La Morenita

Cortesía Univisión

La Santa Madre de Guadalupe, también conocida como la Virgen de Guadalupe, se apareció en 1531 ante Juan Diego, un azteca convertido al cristianismo y le pidió que se construyera un templo en el lugar de la aparición.

El obispo exigió una señal antes de aprobar la construcción de una iglesia. Esta fue una imagen de la virgen impresa en la capa o “tilma” de Juan Diego. La capa no muestra indicio alguno de deterioro 483 años más tarde y se exhibe en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.

Este 12 de diciembre, los mexicanos se llenan de regocijo al festejar el día de la Virgen de Guadalupe. Vale destacar que en 1824 el Congreso de esa nación declaró esta fecha como fiesta nacional. Actualmente los fieles guadalupanos celebran a la “Morenita” en la Básilica de Guadalupe, también conocida como La Villa.

Sus devotos le rinden honores de muchas maneras y que mejor forma  de celebrar a la “patrona de México” que agradeciendo todo su amor y compañía con estas oraciones llenas de luz y esperanza.


Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. ¡A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María! yo te ofrezco en este día: alma, vida y corazón; ¡mirame con compasión, no me dejes madre mía sin tu santa bendición! Amén.


¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo Oh Madre de bondad, guardame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya. Amén.


Santa María de Guadalupe, Mística Rosa, intercede por la Iglesia, protege al Soberano Pontífice, oye a todos los que te invocan en sus necesidades. Así como pudiste aparecer en el Tepeyac y decirnos: “Soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios”, alcánzanos de tu Divino Hijo la conservación de la Fe. Tu eres nuestra dulce esperanza en las amarguras de esta vida. Danos un amor ardiente y la gracia de la perseverancia final. Amén.